sábado, 25 de junio de 2016

Publicado en la Revista Tiempo y Espacio. No 64. Julio-Diciembre, 2015. Depósito Legal pp198402DC2832. ISSN: 1315-9496.

FORTIFICACIÓN Y DEFENSA DE LA BARRA DE MARACAIBO EN LA PROVINCIA DE MÉRIDA

Fortification and defence Maracaibo bar in the province of Merida
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Ebert Cardoza Sáez

Licenciado en Historia (Universidad de Los Andes), Magíster en Ciencias Políticas (Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina, ULA), Doctor en Historia (UCV). Profesor (Asociado) de la Escuela de Historia (ULA). Investigador adscrito al Centro de Estudios Históricos Carlos Emilio Muñoz Oráa, Miembro del Grupo de Investigación Histórica de Regiones Americanas (GIHRA), autor de artículos sobre Historia Militar en revistas especializadas. Correo electrónico: ebertcar4@gmail.com.
Recibido: 17/07/2014 Aprobado: 18/08/2014

Resumen: Durante los siglos de la dominación española en América, la fortificación y defensa de las Colonias de ultramar fue una de las tareas más apremiantes de la Corona, cuyo objetivo fundamental era resguardar los dominios adquiridos de las constantes incursiones de piratas y corsarios, así como de mantener a raya las frecuentes insurrecciones étnico-sociales en los territorios aquende le Mar Océano. A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la “Llave” ubicada en la boca (o Barra) del Lago de Maracaibo, mirando al Caribe, hasta el puerto de San Antonio de Gibraltar, como Llave lacustre de la Provincia de Mérida y La Grita, era la posición defensiva más importante de una pujante y promisoria región interrelacionada en la frontera entre el Nuevo Reino de Granada y la Provincia de Venezuela, lo cual despertó la codicia de piratas mercenarios, por un lado, y corsarios al servicio de las potencias enemigas de España, por otro. En esta ponencia, se intenta una aproximación al estudio de las labores emprendidas por la Corona española en la fortificación y defensa de la Barra de Maracaibo, como uno de los puntos claves del dominio marítimo en el complejo tablero del sistema defensivo español del Caribe venezolano.


Palabras claves: historia naval, fortificación y defensa, Provincia de Mérida, Maracaibo.

Abstract: During the centuries of Spanish domination in America, fortification and defense of the colonies overseas was one of the most pressing tasks of the Crown, whose main objective was to protect the domains purchased from the constant raids by pirates and privateers, as well as hold off the frequent ethno-social uprisings in the Ocean Sea territories aquende him. In the late sixteenth and early seventeenth century, the “Key” located at the mouth (or bar) of Lake Maracaibo, overlooking the Caribbean, to the port of San Antonio de Gibraltar, as lakeside Key of Merida and The Province Shout, was the most important defensive position of a thriving and promising inter-region on the border between the New Kingdom of Granada and the Province of Venezuela, which aroused the greed of mercenary pirates, on one hand, and privateers in the service of the powers enemy of Spain, on the other. In this paper, an approach to the study of the work undertaken by the Spanish Crown in the fortification and defense of the Maracaibo Bar as one of the key points of the maritime domain in the complex defensive system board Spanish Venezuelan Caribbean is attempted.

Key words: naval history, fortification and defense, Province of Mérida, Maracaibo.

Un aspecto de significativa importancia en el estudio de las instituciones militares es precisar el espacio geográfico donde se articulan sus componentes en su existencia histórica concreta. Entre los parámetros esgrimidos por Cardozo Galué sobre la región histórica señala es el espacio habitado, local o regional, demuestra un movimiento dialéctico y, como tal, es histórico: espacio del hombre para el hombre que lo transforma.1
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Desde la ciudad de Mérida se emprendió un proceso de expansión territorial regional, producto de las penetraciones por colonizadores espontáneos de la región de Los Andes en las tierras ribereñas del Lago de Maracaibo y de sectores de los Llanos, que se expresaron en aparentemente anómalas presencias culturales de tierras altas en zonas bajas2. Sin embargo, al 
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Germán Cardozo Galué. “La región histórica, reflexiones para su estudio”. En Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas (Venezuela), 2006, julio-septiembre, n. 355: 9 Pedro Cunill Grau. “La región histórica en Venezuela”. En Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas (Venezuela), julio-septiembre, 2006, n. 355: 54


definir la región histórica existe un total, o al menos una clara desatención, del factor militar como ente articulador de los espacios territoriales.3 Al respecto, Cunill Grau considera que
Los tiempos difíciles, épocas revolucionarias de diversa magnitud y/o eventos signados por la geografía de la catástrofe natural y cultural, desajustan expresiones regionales tradicionales. En el primer caso se puede tomar como un ejemplo relevante lo acontecido en el período de la Emancipación, cuando los paisajes regionales y subregionales venezolanos sufrieron profundas transformaciones. Las secuencias temporales de la guerra durante la ocupación del territorio de las diversas subregiones, microrregiones, e incluso regiones, incidieron en cambios en la composición y distribución de la población, usos del suelo, tenencia de la tierra, tipos de poblamiento, jerarquías y redes urbanas, modos de vida, exportación y explotación de recursos agropecuarios, circulación caminera y fluvial4.
Además, junto al agotamiento en el uso del suelo en sus modalidades tradicionales, el surgimiento de nuevos paisajes micro regional y subregional organizado transitoriamente en medio de la confrontación bélica, tanto para el abastecimiento de las tropas como para el refugio de las guerrillas. En dicho contexto insinuamos algunos aspectos de esta expoliación y su incidencia en los cambios paisajísticos al nivel de las regiones de la Cordillera de la Costa, Andes y Llanos5.
Cabe aclarar al respecto que la organización espacial en el contexto de la guerra no sólo era para el abastecimiento de las tropas o para el refugio de las guerrillas, sino para un mejor aprovechamiento de la población en los
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En su reciente publicación, el historiador Luis Ramírez Méndez enfatizó que, ciertamente, los cambios político administrativos experimentados en la Ciudad de Mérida fueron el resultado de la función militar esgrimida por las autoridades gubernamentales ibéricas, a fin de garantizar la seguridad interna y externa de la región histórica merideña. Sin embargo, es preciso aclarar que dicha función abarcó y generó cambios en un periodo más allá de los siglos XVI Y XVII, para adentrarse en el XVIII y XIX. (Cf. Luis Ramírez Méndez. La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo y la villa y puerto de San Antonio de Gibraltar (Siglos XVI-XVII). Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana, 2010, T. I, p. 75).
Ibídem, p. 65. Ídem

planes conjuntos de defensa. En la región andina, las constantes incursiones de corsarios y piratas durante los siglos XVII y XVIII fueron un factor de cohesión militar entre las microrregiones que conformaron el hinterland de la región objeto de nuestro estudio. Las Juntas de Guerra jugaron un papel determinante en el proceso articulador de la defensa de la barra de Maracaibo con la participación de compañías milicianas de Mérida, La Grita, Maracaibo, en incluso Trujillo, integrados los dos últimos a la región andina en lo geográfico, aunque dependientes en lo político-administrativo de Venezuela. Ello significa que en el aspecto militar, referido a los planes defensivos, la región andina era una especie de bisagra entre Caracas y Santa Fe de Bogotá.
El sistema defensivo en la región andina se articuló dentro de un determinado circuito comercial interconectado en una red de rutas comprendida en el eje Maracaibo-Mérida, lo cual circunscribe el radio de acción a una “región histórica”, más allá de los límites de la noción de “Provincia”, tal como aparece en las denominaciones oficiales. Por ello, es dable preguntarse si las demarcaciones político-administrativos respondieron, en el caso de la región merideña más a necesidades de carácter defensivas que de índole puramente comercial. De allí el énfasis en dejar claro que
El concepto de ‘región histórica’ es más apropiado que el de ‘provincia’ para la investigación e interpretación del proceso de construcción nacional; ofrece la posibilidad de desplazarse en la larga duración desde el mundo aborigen hasta principios del siglo XX (...) Las regiones históricas, tal como las hemos caracterizado, se correspondieron con procesos sociales de integración espacial con mayor permanencia en el tiempo6.
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Desde una perspectiva espacial más amplia el área de Venezuela, junto con Cuba y las costas orientales de Cartagena Santa Marta y Riohacha, representó en su conjunto uno de los focos más vitales del comercio regional de ciudades como Maracaibo, Mérida y Trujillo, registrándose entre 1610 y 1640 un comercio entre Maracaibo y Cartagena de un 50% del mismo7.
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Germán Cardozo Galué. Ob. Cit. p.p. 12-13
Antonio Vidal Ortega. Cartagena de Indias y la Región Histórica del Caribe. Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Universidad de Sevilla, 2002, p. 194.


El puerto de Maracaibo y el de Somocoro, situado en el lago, fueron puntos de salida de productos de la propia Nueva Granada; sobre todo de las harinas de las jurisdicciones de Mérida y Trujillo, la primera perteneciente al Nuevo Reino8.
Tomando en cuenta los factores anteriormente expuestos podríamos afirmar que la articulación entre sistema defensivo y circuito comercial fue determinante, considerando que Cartagena y Maracaibo eran “Llaves” claves para la entrada y salida de productos, así como fortificaciones estratégicas dentro de un cuadro de seguridad y defensa donde participaban activamente las ciudades de la región andina venezolana. De esa manera, las instituciones militares de la región se formaron insertas en un teatro de operaciones defensivas y comerciales estrechamente relacionadas. Más adelante, se abordarán aspectos relativos a la función militar del gobernador y capitán general de la Provincia de Mérida y La Grita en las tareas de fortificación y defensa en la Barra de Maracaibo y su influencia en los cambios político administrativos experimentados en la región objeto de estudio.

1. Fortificación y defensa de la Barra de Maracaibo
Para comprender las tareas de fortificación y defensa ejecutadas con especial énfasis en la Barra de Maracaibo, es preciso estudiar la estrategia defensiva del imperio español durante el siglo dieciocho, frente a la estrategia expansionista de Inglaterra hacia América. Al respecto, Juan Batista ha planteado que desde 1760 hasta 1790 se desarrolló contra Inglaterra “la gran política Atlántica”9, en la cual se materializaron una estrategia naval y otra terrestre. La segunda se concretó en América en una fuerza militar de características particulares y un complejo sistema defensivo a lo largo de las costas americanas.
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Según el mencionado autor la importancia estratégica de las colonias se intensificó y los espacios marítimos se internacionalizaron. Así pues, el Atlántico se convirtió a lo largo del siglo XVIII en el teatro de una guerra hispano-británica y, sobre todo, el litoral americano –incluidas las costas del Pacífico- donde 8
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Ibídem, p. 195
Al respecto, véase: Juan Batista G. La estrategia española en América durante el siglo de las luces. Madrid (España): Mapfre, 1992, pp. 16-17.


se establecieron planes defensivos hemisféricos de cierta envergadura. En tal contexto, Oliverio Cromwell fue el innovador de una política exterior británica con una estrategia pluricontinental de largo alcance, la primera conocida en la historia, denominada por Batista como la globalización de la estrategia, obra de las potencias marítimas: Inglaterra, España, Francia, Portugal y Rusia.10
En esa dirección, afirma Suárez, España concibe la defensa de sus territorios americanos como un teatro de operaciones contra la agresión externa, y la de Venezuela en particular, como defensa de sus llaves (Subrayado del Autor)”. Durante el siglo XVIII, debido a su particular posición geográfica, las costas venezolanas son una cadena de Llaves estratégicas, entre las cuales se encuentra la Barra de Maracaibo.
Las principales “llaves del sistema defensivo español en América son: Cartagena de Indias, llamada ‘llave del Reino del Perú; Cuba, ‘llave del Nuevo Mundo y Ante Mural de las Indias Occidentales”; y, Puerto Rico, “Llave de las Antillas”. En el siglo XVIII se batalla por el apoderamiento de las llaves (...) En el siglo XVIII Venezuela es más que un gran país, una posición (...) una cadena de posiciones. De llaves (...)
1) Puertos mayores o del gran comercio de exportación con la Metrópoli:
Maracaibo: “Llave del Antemural de Tierra Firme”;
Puerto Cabello “Factoría fortificada de la Costa de Venezuela”; y,
La Guaira: “Frontera de Caracas y Llave de las Provincias de Nueva Andalucía”.
2) Puertos menores del comercio de Cabotaje: (Cumaná, Guayana, Isla Margarita e Isla de Trinidad).11
Sin embargo, a fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la “Llave” ubicada en la boca (o Barra) del Lago de Maracaibo, mirando al Caribe, hasta el puerto de San Antonio de Gibraltar, como Llave lacustre de la Provincia de Mérida y La Grita, era la posición defensiva más importante de una pujante y promisoria región interrelacionada en la frontera entre el Nuevo Reino de Granada y la Provincia de Venezuela, lo cual despertó la codicia de piratas
  1. 10  Ídem.
  2. 11  Santiago-Gerardo Suárez. Marina, Milicias y Ejército en lo Colonia. Caracas, Talleres
    Tipográficos de la Caja de Trabajo Penitenciario, 1971.
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mercenarios, por un lado, y corsarios al servicio de las potencias enemigas de España, por otro.
Los ataques de los piratas se iniciaron con el ataque de William Jackson, corsario inglés que con 11 buques saqueó a Maracaibo en la navidad de 1642. Los ataques piratas no se limitaron a saquear a Maracaibo sino también a Gibraltar, cuyo comercio rivalizaba con el de Maracaibo, gracias a que era puerto de salida de la provincia de Mérida y La Grita y que contaba con fincas de ganado y plantaciones de tabaco. Juan David Nau, el “Olonnais” (francés) sometió a Maracaibo y Gibraltar a un saqueo que duró más de dos meses en 1665. Al año siguiente, Miguel (Maristegui) El Vascongado (francés), tomó por sorpresa a Maracaibo saqueándolo nuevamente. En 1669, Henry Morgan (inglés) volvió a saquear las ciudades de Maracaibo y Gibraltar. Y en 1680 el capitán Granmont, francés, se hizo dueño de toda la provincia durante unos seis meses.12
El constante asedio en las costas, por parte de piratas y corsarios, insertos en la política expansionista de potencias marítimas emergentes, como Inglaterra, Holanda y Francia, fue el factor dinamizador externo más importante que explica la progresiva política de fortificación y defensa en la costa del Lago de Maracaibo y su Barra, durante el siglo XVII y, sobre todo, el XVIII.
Para proteger la entrada al lago de Maracaibo de las incursiones de los filibusteros, los españoles construyeron varias fortificaciones, siendo las principales: el Castillo de San Carlos, construido en 1682 y ampliado un siglo más tarde por el ingeniero militar Casimiro Isava; el Reducto de Santa Cruz de Paijana, a la entrada del caño de ese nombre; el Castillo de Nuestra Señora del Carmen y Santa Rosa de Zapara y los castillos de Barboza y Bajo Seco en las islas de estos nombres, hoy desaparecidas estas últimas13.
Aunque pertenecientes a jurisdicciones político-administrativas diferentes, las Provincia de Mérida y Gobernación de Venezuela debieron compartir responsabilidades en las tareas de fortificación y expediciones
  1. 12  Alberto Rodríguez Díaz y Francisco Escamilla Vera. “500 años del nombre de Venezuela”. En Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona, n. 152, 19.04.1999 (Disponible en: http://www.ub.edu/geocrit/b3w-152.htm).
  2. 13  Ídem.
defensivas de la costa lacustre marabina, pues se trataba no sólo de una posición militar, sino también de un dinámico punto de intercambio comercial.
La Real Provisión de la Audiencia de Santa Fe, de fecha 28 de abril de 1643, estaba dirigida a los Gobernadores y Capitanes Generales de las Provincias de Venezuela y Mérida (...) Comenzaba por historiar las dos últimas invasiones enemigas a la laguna; la defensa de Gibraltar frente al inglés (...) Esas incursiones piráticas ocasionaban grandes daños, sobre todo a la Provincia de Mérida14.
A objeto de poner en práctica las labores de fortificación en el Lago, los Gobernadores de Venezuela y Mérida estaban obligados a debatir sobre la defensa y acordar el lugar, disposición y fabricación de castillos y fuertes, lo cual acarreaba gastos de infraestructura, aprovisionamiento y manutención de tropas milicianas y veteranas destacadas en la guarnición lacustre, encargadas de resguardar intereses provinciales comunes frente a un enemigo común. Ello significaba mancomunar esfuerzos financieros, muchos de ellos provenientes de las cajas reales, producto de la recaudación fiscal pechada a los actores económicos de la región.
Los gastos de construcción de la fortificación, así como los de su dotación, mantenimiento y paga de su guarnición, serían cubiertos por mitad por ambas Gobernaciones. El costo del fuerte se estimaba en seis mil pesos, cuya mitad abonaría la Provincia de Venezuela y la otra parte, o sea tres mil pesos, la pagaría el gobierno de Mérida del impuesto de sisa. De no haber en las Cajas dinero de ese concepto, se supliría de cualquier otro haber de Real Hacienda. En la misma forma se costearía la paga de los sueldos de la guarnición y demás gastos de dotación del fuerte y se supliría la pólvora y el armamento necesario. La artillería se tomaría de la que había en San Antonio de Gibraltar, pero no se llevaría a Maracaibo hasta no estar el fuerte terminado.15
Por Real Cédula de 6 de junio de 1676, se ordenó se fortifique con efecto la barra de Maracaibo dándole dotación de infantería y los pertrechos
  1. 14  Lucas Guillermo Castillo Lara. Ob. Cit. pp. 266-267.
  2. 15  Ibídem, p. 269.

necesarios para oponerse al enemigo16. Un mes después se le ordenó al Maestre de Campo17 Jorge de Madureyra Ferreyra, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Mérida y La Grita, comunicarse con el de Venezuela sobre la fortificación en la laguna de Maracaibo y determinasen todo lo concerniente a ejecutar al respecto18.
En conjunto, la región andina debió afrontar la defensa común de la Ciudad y Barra de Maracaibo como una necesidad frente al expansionismo de potencias marítimas europeas. La ciudad de Trujillo participó activamente en las expediciones organizadas para la defensa de la Llave marabina. Por tal motivo, el 1 de octubre de 1697 el gobernador y capitán general de la Provincia de Mérida, La Grita y ciudad de Maracaibo, Gaspar Mateo de Acosta, informaba sobre el alistamiento de las milicias trujillanas convocadas por el Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad. En esta oportunidad salieron de Trujillo
...ciento y diez y ocho hombres con sus armas a cargo del Maestre de Campo Don Sancho Brizeño de la Bastidas y Sargento Mayor Jacobo Fernández Graterol y del Capitán Don Felix Pacheco y entre ellos muchos de los nobles y mas principales de esa ciudad y haviendose visto en mi Junta de Guerra de Indias19.
Así, pues, en “Junta de Guerra de Indias” se consideró la necesidad de fortificar la barra de Maracaibo, dándosele dotación de infantería y pertrechos para su defensa, con el fin de comerciar con seguridad sus frutos y tener beneficio de sus haciendas20. Seguidamente, el 31 de diciembre se le encomendó a la Audiencia de Santa Fe un informe sobre la proposición de nombrar en la ciudad de Maracaibo a un Teniente con título de Capitán a Guerra, sujeto al
  1. 16  Documentos para la historia colonial de los Andes Venezolanos. Caracas, 1957, pp. 47-48. Citado por Castillo Lara. Ob. Cit. nota 48, p. 273.
  2. 17  Denominación de los siglos XVI y XVII, de los oficiales de grado superior que ejercían el mando de varios tercios. También se denominaba maese de campo, y puede asimilarse, no con toda exactitud, al coronel de regimiento, al brigadier o al general de brigada (Cristina Borreguero. Dicc. Cit., p. 210)
  3. 18  Santiago-Gerardo Suárez. Fortificación..., p.p. 8-9.
  4. 19  Ibídem, Doc. 56, p. 79
  5. 20  Ibídem, p. 9

gobernador de la Provincia de Mérida, para la pronta defensa de la importante llave21. En virtud de ello, se resolvió
...que la ciudad de la Nueva Zamora de la laguna de Maracaibo que es del Gobierno de la provincia de Venezuela se agregue al de Mérida y la Grita sería conveniente que la persona que hubiese de gobernarla fuese a provisión mia con título de Capitán a guerra sujeto al gobernador de la Provincia y que tuviese experiencia porque el Gobernador de Venezuela nombraba teniente y este no la tenía y si se agregase haría lo mismo el de Mérida22.
Desde el 10 de junio de 1681 se había ordenado al Gobernador y Capitán General de la Provincia de Mérida y La Grita, maestre de campo Antonio de Vergara Ascarate, continuar con las tareas de fortificación en la Barra de Maracaibo23. Pero, además, para completar la plana mayor, en el Castillo de la Barra Principal haya un castellano de grado de Sargento Mayor, con sueldo de cien pesos al mes; y también un Capitán, dividiendo la guarnición de este Castillo en dos Compañías, para suplir ausencia del gobernador y los otros Fuertes, de Sapara y Barbosa, a cargo de un Capitán con cuarenta hombres en cada compañía, al mando del Castellano principal, todos sujetos al gobernador de la Provincia de Mérida24.
En total, el pie de fuerza en la guarnición del puerto y ciudad de Maracaibo se estimaba en “doscientos infantes”25, a quienes se le asignaría un sueldo equivalente a las Compañías de infantería del presidio de Cartagena. Para satisfacer la paga de sueldos y los trabajos en la fortificación, por mandato real se dispuso
Que en cada millar de cacao de la dicha Provincia de Mérida se cargue medio real que ha de pagar el vendedor y que de cada res que se vendiere se cobren dos reales y de cada arroba de tabaco tres reales, y de cada arroba de azúcar dos reales, y de cada arroba de miel medio real, quedando excluidos de la carga impositiva laharina, carne salada, queso, manteca y otras cosas menudas26.
  1. 21  Ibídem, p.p. 9-11
  2. 22  Ibídem, p. 11.
  3. 23  Ibídem, pp. 12-16.
  4. 24  Ibídem, p. 13.
  5. 25  Ibídem, p. 14.
  6. 26  Idem.

Para el 16 de mayo de 1688, se solicitó al Gobernador de Mérida y La Grita un informe sobre el estado militar de las obras de la fuerza principal de Maracaibo y de lo tocante a las fortalezas de la ciudad. Sin embargo, a partir de entonces las comunicaciones iban dirigidas al Gobernador y Capitán General de la provincia de Mérida y la Grita y ciudad de Maracaibo27. El 20 de mayo el gobernador y capitán general, Maestre de Campo Joseph Cerdeño y Monzón, quien además era miembro de Caballería de la Orden de Santiago, informaba haber concluido la mitad de la obra de los cuarteles “para el alojamiento de la infantería de la fuerza principal en que se incluye el cuerpo de guardia y capilla para decirles misa”28.
Pero la inversión generada en las obras de fortificación y defensa comenzó a ocasionar cierto malestar en la máxima autoridad provincial. En ese tenor, el 24 de junio, Cerdeño y Monzón, en respuesta de la situación financiera, escribió sobre la falta de medios para mantener la guarnición de los presidios marabinos y la conveniencia de agregar las Cajas de Mérida a las de Maracaibo29. Así pues, la falta de medios suficientes en la ciudad de Maracaibo para la manutención de la guarnición lacustre, generó la necesidad de crear mecanismos de financiamiento. Para ello el monarca aconsejaba:
se agreguen las cajas de Mérida a las de esa ciudad (Maracaibo) y que el resto que faltare para cumplir el situado se pague en la ciudad de Santa Fe (...)he tenido por bien de mandar que todo lo que producen los derechos del cacao y demás géneros que se impusieron para las fortificaciones de esa ciudad de Maracaibo y sus castillos se cobren tanto en Maracaibo como en Mérida y en otra cualquier parte de esa provincia donde se contribuyeren por los Oficiales de mi Hacienda de esa ciudad de Maracaibo y ellos pongan tenientes en Mérida para este efecto y que cesen en esto los de la ciudad de Santa Fe que hasta ahora lo han cobrado30.
El 24 de junio se informó al Presidente de Santa Fe haberse resuelto que todo lo recaudado por los derechos impuestos para las fortificaciones de Maracaibo lo cobraran los oficiales reales de dicha ciudad y se recomendó
  1. 27  Ibidem, Doc. 10, p. 17.
  2. 28  Ibidem, Doc. 11, p. 18.
  3. 29  Ibidem, pp. 19-20.
  4. 30  Ibidem, Doc. 12, p. 19.
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nombrar Teniente en Mérida para la ejecución de todo lo relativo a la recaudación fiscal en esta última31.
A finales de año, el gobernador Cerdeño y Monzón, pasó revista a la guarnición y levantó una muestra general de armas en Maracaibo y “en las cinco compañías de milicia se hallaron cuatrocientos hombres y en la de a caballo cincuenta”32.
Sin embargo, los esfuerzos financieros para los gastos de fortificación y, sobre todo, para el pago de la tropa comenzó a generar cierto descontento en algunos soldados, debido a la escases de recursos para ello, lo cual reportó, en ocasiones, las fugas que hasta ahora han hecho los soldados33. Las frecuentes deserciones en la guarnición de la Barra marabina, obligó a las autoridades militares a reponer el pie de fuerza en el presidio, cuya solicitud llevó a la Junta de Guerra ordenar el envío de hasta cincuenta infantes sueltos o en una compañía34. En otro informe se reportó que
por haber hecho fuga veintinueve infantes y artilleros de la fuerza principal de esa laguna le fue preciso enviar a ella treinta y tres soldados que habían quedado en la Compañía de ese presidio y que deseando aliviarlos del insoportable trabajo que tienen en la dicha fuerza con la remuda de las compañías milicianas en el ínterin que se asignaba situado fijo y con noticia de la puntualidad de las pagas hubiese quien sentase plaza ordeno al capitán Don Manuel de Velasco que es el más antiguo de la milicia de esa ciudad35.
A finales del siglo XVIII, aumentó el asedio de las potencias marítimas enemigas de España, pero al mismo tiempo, aumentaba la importancia de la Barra y la ciudad de Maracaibo como cabeza de Provincia. Paralelamente, la ciudad de Mérida fue perdiendo el rango político y militar en la región, a causa de las medidas de carácter militar y hacendístico adoptadas alrededor de la
  1. 31  Ibidem, pp. 20-22.
  2. 32  Ibidem, Doc. 14, p. 22.
  3. 33  Ibidem, p. 20.
  4. 34  Ibidem, Doc. 16, p. 24.
  5. 35  A la ciudad de Maracaibo avisándole lo que se previene al Gobernador de aquella Provincia
    en orden al mayor alivio de las compañías milicianas y aprobando a aquel Cabildo el haber obedecido la orden que dio dicho Gobernador sobre que éstas fuesen a remudar las de aquel presidio. Madrid, 12 de diciembre de 1689. (Santiago-Gerardo Suárez. Ob. Cit. pp. 33-34).
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estratégica ciudad lacustre y después la agregación de Maracaibo a la Provincia de Mérida y el traslado de hecho de la capitalidad de esta Gobernación a la ciudad marabina36.Tal proceso se concretó con la creación de la Provincia de Maracaibo, adscrita a la Capitanía General de Venezuela a partir de 1777.
Al año siguiente, el 6 de julio 1778 el brigadier de infantería Agustín Crame presentó el Plan de Defensa para la Provincia de Maracaibo37, cuyo objetivo estaba dirigido a continuar con la política de “pacificación” contra los Motilones, en lo interno, así como resguardar la costa lacustre y región adyacente al Lago de cualquier tentativa de invasión extranjera. Diez años mas tarde, en cuanto al primer objetivo militar, expresaba el gobernador de Maracaibo:
En el de Crame se asienta que la ruina de esta Provincia proviene de las irrupciones de los Motilones. En el discursivo del Governador Capitán expresa haver cesado esta causa con el logro de la Pacificación (...) Al capítulo 5 digo que sin embargo de que solo contaba Crame con 3 compañías de Tropa veterana (Sic). En el día hay otra, 4 aumentada la última el año 1780 con el fin de la reducción de Motilones. 50 Artilleros Milicianos y Compañías de Fusileros de igual clase de Blancos y pardos 1 de a 100 hombres que deben estar disciplinados38.
En cuanto al segundo objetivo, se planteaba un escenario dominado por la influencia inglesa no sólo como amenaza a las llaves del sistema defensivo novohispano, sino también como aliado en las conspiraciones criollas en ascendente efervescencia en América. Por ello, al plantearse las medidas preventivas en materia defensiva a las autoridades provinciales y virreinales, Crame escribió en 1780:
La América vá a ser el principal teatro de la guerra en la Campaña próxima que según todas las apariencias será mas decisiva que la pasada. A vista de los grandes preparativos de las demás potencias en especial de la Inglaterra39.
  1. 36  Lucas Castillo Lara. Ob. Cit., p. 273.
  2. 37  Santiago-Gerardo Suárez. Fortificación... Doc., 116, pp. 312-318.
  3. 38  Santiago-Gerardo Suárez. Ob. Cit., p. 388.
  4. 39  Ibidem, p. 330.
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En el plan de defensa de Crame la región andino-marabina era considerada no sólo una importante área de producción e intercambio comercial, sino además un espacio geopolítico clave en el ajedrez defensivo de España en esta parte de la América meridional. Como región fronteriza, la actividad comercial en sus puertos requería de condiciones mínimas de seguridad y defensa, propicias para contrarrestar el contrabando y proteger las embarcaciones de agresiones externas.
Hasta los llanos hasta cerca de Mérida y Trujillo todas las tierras de las inmediaciones de estas villas son montañosas o serranías y así grande frio estremoso y se cojen las mas ricas producciones La Grita los Quiriquires (...) Zulia, El Catatumbo y sobre todo jibraltar son los proveedores de estas costas del mar en maíz cacao papelones añil azúcar y platanos (...). Esta disposición de terreno hacen a esta Provincia como llave de interior de las restantes de toda esta Capitanía General y hasta del Virreinato de Santa Fe motivo por el qual se debe poner una especial vigilancia en su fortificación y Guarniciones quitándole los padrastos que hubiere40.
A pesar de la insistencia en proseguir las tareas de fortificación y defensa en la región andino-lacustre, y particularmente en la Barra del Lago, las autoridades metropolitanas comenzaron a desconfiar de sus súbditos milicianos en América, sobre todo, cuando en 1781 un grupo de pobladores insurgentes decidieron nombrar capitanes y oficiales de Milicia, en abierta actitud de insubordinación contra los funcionarios reales, más no contra el Monarca, durante la revuelta comunera. Probablemente, ello explique porqué José de Gálvez, en oficio del 12 de julio de 1783, aconsejó al Intendente Ábalos no crear en Maracaibo cuatro compañías milicianas propuestas por el brigadier Crame41.
En la última década de la décimo octava centuria el ingeniero militar Francisco Jacott informaba sobre el estado de la fortificación en la Provincia de Maracaibo:
Estado actual de las fortificaciones de esta provincia, y las disposiciones de defensa que advierto (...)Esta Provincia a mi corto entender es importantísima por su disposición, Abundancia de viveres, Laguna, Canales, y por los muchos y crecidos Rios que se internan hasta lo
  1. 40  Ibídem, p. 384.
  2. 41  Ibídem, doc. 132, p. 341.


interior de la Capitanía y sus Provincias dependientes a el Virreynato de Santa Fe por los Rios de San Faustino, Catatumbo, y Escalante lo que puede llamar la atención a cualquiera Nacion extranjera (...) Los inteligentes siempre se han fiado en su Barra, y Tablazo, y con todo no se libro en el año 678 fuese pasada a cuchillo la Guarnición de sus Castillos, y saqueadas las ciudades de Maracaibo, Truxillo y Gibraltar, por los piratas de la Tortuga42.
Es importante destacar que las labores de fortificación y defensa en la ciudad de Maracaibo, tanto en inversión en infraestructura como en alistamiento y aprovisionamiento de tropas constituyó una constante preocupación de las autoridades político-militares de la región andina. Su creciente valor geo-estratégico fue determinante en los cambios político administrativos de la otrora Provincia de Mérida y La Grita y explica, en buena medida, la controversia entre la élite político-militar merideña y la élite marabina por el control del comercio lacustre, incluso por el territorio merideño al sur del Lago y, particularmente, del puerto de Gibraltar por donde salían las mercancías y productos de la región objeto de estudio.

2. Conclusiones
El proceso formativo de las instituciones militares en los Andes venezolanos a partir de la segunda mitad del siglo XVI, tuvo como centro de epicentro a la ciudad de Mérida, cuyo espacio geo-histórico irradió hacia un área de influencia significativa en el tablero defensivo del ejército español en la región estudiada. Dicha área o campo de acción operacional abarcó un circuito militar que interrelacionaba componentes armados de Mérida, Trujillo, San Cristóbal, La Grita, Maracaibo, e incluso, el piedemonte barinés, en planes conjuntos de defensa y acciones represivas contra movimientos insurreccionales. Así, desde la “ciudad de los caballeros”, se inició un proceso de concentración y expansión político-militar y religioso de suma importancia para comprender la historia militar de Venezuela.
42 Escrito del ingeniero militar Francisco Jacott a Don Miguel Marmión, sobre el estado de la fortificación y defensa de Maracaibo. San Carlos, 15 de junio de 1793. (Ibídem, Doc. 156, p. 447).
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Podríamos resaltar, tal como se desprende de las fuentes consultadas, la articulación entre sistema defensivo y circuito comercial como factor determinante, considerando a Cartagena y Maracaibo como “Llaves” estratégicas para la entrada y salida de productos, así como fortificaciones claves dentro del cuadro de seguridad y defensa de la región andina venezolana, donde las instituciones militares de la región se formaron insertas en un teatro de operaciones defensivas y comerciales estrechamente relacionadas.
En medio de un dinámico escenario de permanente conflicto internacional, generado por los intereses de potencias europeas, se destacaron las labores de fortificación y defensa en la barra de Maracaibo, lo cual recayó en la gobernación y capitanía de la provincia de Mérida y La Grita, tanto en inversión en infraestructura como en alistamiento y aprovisionamiento de tropas, constituyéndose en una constante preocupación de las autoridades político-militares de la región andina. Su creciente valor geo-estratégico fue determinante en los cambios político-militares y administrativos de la otrora Provincia de Mérida, La Grita y Ciudad de Maracaibo (Provincia de Maracaibo a partir de 1777) y explica, en buena medida, la controversia entre la élite político-militar merideña y la élite marabina por el control del comercio lacustre, incluso por el territorio merideño al sur del Lago y, particularmente, del puerto de Gibraltar por donde salían las mercancías y productos de la región objeto de estudio. 

miércoles, 9 de abril de 2014

Las Fortificaciones: Un verdadero aliento a su espíritu defensivo.



                     Hasta donde se tiene conocimiento, las fortificaciones constituyen otra prueba de la vida y progreso del hombre durante el periodo prehistórico. Es lógico suponer que las tribus se establecieron en regiones, previamente conquistadas ocupando posiciones con el propósito de asegurar sus dominios y defender sus propios bienes. Cuando los pueblos nómadas se convirtieron en sedentarios, se constituyen las comarcas y aparecen las primeras fortificaciones. En la cuenca del mediterráneo, se encuentran gigantescas construcciones y ciudades lacustres, cuyos restos han sido encontrados en lagos de Europa.
            Los toscos muros de las fortificaciones primitivas fueron reemplazados por verdaderas murallas. Sus amplios perfiles originaron la creación de los torreones[1] destinados a dominar el adarve[2], haciendo imposible al sitiador mantenerse en él, en el caso de escalar la muralla. La antigua Caldea resguardaba detrás de sólidos muros sus templos y palacios. Igual sucedió en el Egipto y en las civilizaciones egeas ante homéricas.

            En los sitios mas elevados de las antiguas ciudades, fueron construidos recintos fortificados. En  Grecia recibieron el nombre de “Acrópolis”; en Roma de “Capitolio”; en los pueblos árabes “Alcazaba” y en las modernas fortificaciones “Ciudadela”.

            La construcción de muros defensivos evolucionó a través de los tiempos. De la prehelénica son famosas las murallas de Troya, Micenas, Tirinto y las ciclópeas murallas de la ciudad española de Tarragona, de enormes piedras, sobre las cuales los romanos construyeron las suyas. Es notable la muralla construida por Adriano en el norte de la Britania, llamada Vallum o Murus Hadriani. Así como también, la levantada en el siglo III, con una longitud de 3.000 km y una altura de 8 metros, estructura que puede visualizarse desde el espacio, conocida como la Gran Muralla China.

            En la construcción de Fortalezas de la época antigua sobresalen los muros fuertes hasta de 15 metros de alto para evitar el ataque con escaleras; la parte baja de considerable espesor y reforzada para evitar la acción de los martinetes. Troneras en las almenas para lanzamiento de dardos, siguiendo el principio de conseguir el flanqueamiento. Torres dentro del cinturón de los muros que sirven de observatorios. Trazado de los muros en líneas quebradas para facilitar el flanqueo y a la vez el desenfilamiento. Los portales de bastante solidez que eran de madera gruesa, desconociéndose el empleo del hierro. Constituían siempre los puntos vulnerables de la fortaleza.

Los romanos vigorizan estos medios de fortificación, empleándolos con máxima eficiencia en sus grandes guerras que los lleva al dominio del mundo antiguo. En la Edad Media difieren el desarrollo de las fortificaciones. Todos los pueblos sostenían las mismas necesidades. A ello debe sumarse la influencia del feudalismo en el arte de la guerra. La organización civil y militar se compenetraron; el señor era el caudillo, la mansión señorial, la fortaleza. Tuvo el individuo de entonces, muchos señores; y cada uno poseía su fortaleza: el municipio, su recinto murado; el clero, su abadía y el noble, su castillo.

Se caracterizan las fortificaciones en esta época por presentar los muros y portales mayor solidez; las almenas fueron ensanchadas, y las torres adelantadas con el criterio siempre de controlar los movimientos del enemigo.  Aparecen las catapultas, maquinas simples usadas para arrojar piedras de gran tamaño, precursora de los obuses. Operaciones militares dignas de mención en este periodo se encuentra en las expediciones de los siglos XI al XIII por los cristianos de Europa, contra los musulmanes de Oriente en su afán de tomar para sí la posesión de la Tierra Santa. Otra, la defensa de Damasco sitiado por Conrado III y Luis VII, que luego de fracasar en su empeño de conquistar regresan a Europa.

De igual manera, se empleó ventajosamente la sucesión de los muros, de los cuales el delantero era más bajo para facilitar la observación, y el de atrás o muro principalmente era más elevado. El primero constituía una especie de Línea de Seguridad y el otro la Línea de Resistencia. Al espacio entre ambos muros se le llamó “arena” y en épocas de paz se empleaba para los ejercicios militares y para los Torneos.

En las nomenclaturas de las construcciones mismas se producen los siguientes cambios:

Menor altura de los muros que son reforzadas por terraplenes; delante de el muro una plataforma para la colocación de las piezas; luego un foso para la protección contra asaltos delante de otro terraplén con suave declive, llamado Glasis que encausaban la progresión del enemigo. Las torres de la forma circular adquieren la forma de pentágono para facilitar el flanqueamiento de los fuegos. Muy pronto a las torres suceden los Bastiones.

Posteriormente se pasa a los fortines pequeños fuertes, cuya reunión forman una Fortaleza. Las principales misiones tácticas del Fortín eran: Defensa inmediata del lugar, flanqueo con fuego del sector intermedio; apoyo para la progresión de la tropa; y reservas para sustituir a ambos lados. En el interior del Fortín se encontraban las posiciones para la Artillería combate lejano; y para la Infantería, combate cercano.

La edad de oro para los castillos fue la edad media. A su amparo surgieron núcleos de población que con el pasar del tiempo se convirtieron en ciudades importantes. Francia, Italia y Alemania, las incursiones normadas hacen resaltar la utilidad de estos sitios fortificados. En cuanto a España, la necesidad de asegurar sus posesiones en diversos territorios, multiplicó el número de castillo en consonancia con los procesos realizados en las tierras conquistadas.
La formación de ejércitos permanentes, la emigración a Occidente de los arquitectos militares bizantinos al caer Constantinopla en poder de los turcos, el extraordinario movimiento  llamado Renacimiento y la aplicación de la pólvora a las armas ofensivas creando la artillería pirobalística,  transformaron las fortificaciones.
A final de la edad media y comienzos de la moderna corresponden los baluartes y las obras exteriores. Caracterizadas por el aumento del tamaño de los torreones, separados a veces del cuerpo de la muralla, para salir con su artillería al encuentro del enemigo; la adopción para dichos torreones de la planta pentagonal, con el objeto de que sus caras externas se presentasen oblicuamente al fuego del adversario; el empleo constante del foso la formación de la muralla con escarpa destinado a aumentar se resistencia, y la adopción de extensas barbacanas sobre una buena parte del frente, precursoras de la contraguardias y cubrecamas, reforzando de este modo la cortina, muy débil ante los progresos de la nueva artillería.
Un congreso de ingenieros convocado por el Papa Julio II acordó suprimir el sistema de coronamiento del muro (matacanes, torres pequeñas) y construir en los ángulos unas casetas aspilleradas que flanqueara los fosos. El sistema abaluartado tomó verdadera carta de naturaleza a comienzos del siglo XVI. No se sabe de un modo exacto quién acertó al combinar de un modo preciso sus líneas fundamentales, pero los italianos fueron los ingenieros que lo implantaron en toda Europa. En la segunda mitad del siglo la cortina se reduce de longitud. El parapeto es hecho con tierra. Desde los baluartes se flanquean la cortina y las caras de los baluartes opuestos. Se dota a los flancos de fuegos, acasamatado las piezas. Se constituye una explanada más allá del foso y se organiza el camino cubierto.
           
En España hasta principios del siglo XVIII, escaseaban especialistas en fortificaciones. Para la campaña de Portugal de 1704, Luis XIV tuvo que prestar a Felipe V, una brigada de ingenieros, y a instancias del Secretario de Guerra, Márquez de Bedmar, se ordenó traer de Flandes en 1709 al ingeniero Jorge Próspero de Verboom. Es así como los españoles perfeccionan el arte de las fortificaciones; que más tarde ponen en práctica en su proceso de colonización. En Venezuela se tiene conocimiento de esta tradición desde el año de 1760, cuando el entonces teniente coronel Nicolás de Castro toma la iniciativa de crear una Academia de Geometría y Fortificación para capacitar jóvenes oficiales de la guarnición. Mediante una carta fechada el 24 de julio de 1760, dirigida al Gobernador de la Provincia de Venezuela de ese momento, Remírez de Estenoz (1757 – 1763), informa sus intenciones de instalar la mencionada academia en su casa e iniciar desde allí la instrucción de nuevos ingenieros para la Provincia, un año después llegó la autorización firmada por el Rey Carlos III, así nació la Escuela Militar de Venezuela, la más antigua de las Indias Occidentales.

También en La Guaira, en el año de 1761, fue fundada una academia por el capitán de artillería Manuel Centurión. En Cumaná, el ingeniero Juan Pires y Correa, funda una Academia a principios del siglo XIX; es allí donde cursará sus estudios de ingeniería  militar el joven Antonio José de Sucre y Alcalá, futuro Mariscal de Ayacucho. En ese mismo orden de ideas, en 1808, en la Academia del coronel José Mires, localizada en Caracas, se impartirían, junto a otras disciplinas, materias como aritmética, algebra, geometría, topografía y construcciones civiles, dibujo lineal y topográfico de esta escuela egresaron la mayoría de ingenieros militares que participaron activamente a favor de la lucha independentista, destacándose entre ellos, el ingeniero militar Francisco Jacot, que dictó cátedra en la misma. 

Será el ingenio de Sebastian Vauban[3], cuya implementación de regular los sitios por la cronología de los trabajos del sitiador, el cual no tiene otra alternativa que rendirse al abrirse la brecha o perecer victima del asalto. Esa fortificación perdura hasta fines del siglo XIX, en que la artillería hizo inútiles las obras sobre el terreno, las plazas y los fuertes aislados.

Señálese  la guerra de sucesión en España (1701 a 1746), como la primera vez en la Historia Militar donde se emplean amplias líneas fortificadas. Es el Conde Baden en la defensa de la frontera occidental de Alemania que construye cerca de 45 kilómetros de fortificaciones, causando la admiración de los militares de la época. Más tarde en ese mismo sector se localizó la famosa línea Sigfrido.

Las fortificaciones militares  construidas en el periodo colonia por la monarquía española en el territorio que hoy es Venezuela, constituye una pieza del complejo y amplio sistema estratégico – militar concebido para conservarlos dominios, consolidar la defensa, controlar las rutas y neutralizar los ataques enemigos en las aguas del mar Caribe.  Desde los días del descubrimiento y la conquista incluyendo los de revolución e independencia de las nuevas naciones americanas, el piélago caribeño fue la plaza más codiciada, disputada, peleada y defendida del Nuevo Mundo, donde españoles, ingleses, franceses, holandeses, daneses, portugueses, indios, negros y aventureros de cualquier estirpe, se enfrascaron en luchas exasperadas para defender, saquear, robar, y primordialmente conquistar tierras para disputarle a España la tenencia de los predominios americanos.

Las costas venezolanas fueron testigos de tres centurias de contiendas; ciudades costeras como: Maracaibo, Coro, Puerto Cabello, La Guayra, Cumaná, Araya, la isla de Margarita y la Guayana, participaron activamente en los hechos que conformaron la historia del Caribe. Todas estas localidades formaron parte de la construcción de fortificaciones que se levantaron para conservar el control territorial, político y económico de España. Antes de finalizar el siglo XV, las costas de la provincia de Venezuela fueron testigos de incursiones de ingleses, franceses y holandeses, ansiosos de participar en la repartición de las riquezas que contenían las tierras descubiertas, a eso se debe el nombramiento de Ojeda, como gobernador de la isla de Coquibacoa, asi lo señala Eduardo Arcila Farías, en su obra Economía Colonial en Venezuela, donde  estampa la clausula que indica la acción a seguir para protección de las tierras “…para que atajéis el descubrir de los ingleses por aquella vía…”

En 1595,  el ingles Sir Walter Ralegh, hechizado por el señuelo del mítico Dorado, se adentra por la Guayana venezolana, remontando el Orinoco hasta el endeble asiento de Antonio de Berrío: la primera Santo Tomé de  Guayana, cerca de la confluencia del río Caroní. Con los datos que le suministra, su prisionero Berrío, y el aporte de sus visiones fantasiosas, escribe un libro intitulado: el descubrimiento del inmenso, rico y hermoso imperio de la Guayana, con una descripción de la Grande y dorada ciudad de Manao (que los españoles llaman El Dorado).

Con la muerte de la reina Isabel en 1603, Ralegh pierde los favores de la corte y es encarcelado, acusado de conspirar contra James de Escocia a favor de España.  Tras permanecer varios años privado de libertad, nuevamente la corte atraída por las riquezas de El Dorado, le concede la libertad a cambio de organizar una expedición hacia Guayana, el Orinoco, Manao; ya sexagenario, deja Plymouth con rumbo al Caribe, junto con su hijo de veinte tres años y el viejo Keymes, su camarada.

Keyme remonta el Orinoco, en 1618, ataca y destruye la plaza de Santo Tomé de Guayana, valerosamente defendida por Diego Palomeque de Acuña. En la batalla muere Palomenque y también el hijo de Ralegh. La ciudad es saqueada  e incendiada, al no conseguir botín, Keyme se suicida y la cabeza de Ralegh la pide y se la conceden al Conde de Godomar, embajador de España ante la corte inglesa. Con este suceso, se cierra, el capitulo de la leyenda el Dorado.

Venezuela no tuvo una economía fundamentada en la explotación minera como México y Perú y, por eso mismo, no cuenta con una arquitectura colonial de suntuosos palacios, ni tiene centenares de iglesias barrocas con desbordantes retablos dorados. Tuvo en cambio, una larga extensión  de costa sobre el mar Caribe, constantemente saqueada  de poder y, por eso, cuenta con mas fortificaciones que Perú y México juntos.

Los nombres mas famosos de piratas, bucaneros y filibusteros, como Walter Ralegh, Drake, Hawkins, El Olonés, Morgan y tantos otros, los barcos ingleses, holandeses, franceses y portugueses en busca de botín y riquezas, alternando saqueos y destrucción con toda clase de contrabando y venta de negros, y las Armadas enemigas de España en abierto desafío para ocupar territorios, bien sea para obtener el dominio político o comercial, dejaron sentir su constante presencia agresiva frente a las costas venezolanas, Antemural de Tierra Firme.

Para frenar el contrabando y fomentar la producción agrícola, se fundo en España, en 1728, la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. “La compañía constituida por un grupo de comerciantes, se regía por reglamentaciones similares a las francesas, holandesas e inglesas movidas por iguales intereses económicos, diferenciándose en su organización: Ser patrimonio de España, contar con la ayuda de la propia Corona y servir de replica contra los negocios e infiltraciones de aquellas. Resultado de la actividad de la compañía fue el dinamismo que alcanzaron los puertos de La Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo que se convirtieron en exportadores, y a los que se le suministraban sus frutos y mercancías, en comercio menor o de cabotaje los de Cumaná, Guayana e islas de Sotavento. Así quedaba económicamente respaldado el comercio con la Metrópoli en una extensa área comprendida entre la península de La Guajira – rio Hacha – y el Orinoco”[4]

Según el Dr. Juan Manuel Zapatero, el siguiente es el orden de importancia portuaria del sistema venezolano:

1.- Puerto mayores o del gran comercio de exportación con la Metrópoli:

a)    La Guaira: “Frontera de Caracas y Llave de las Provincias de nueva  Andalucía”.

b)    Puerto Cabello: “Factoría fortificada de la Costa de Venezuela”.


c) Maracaibo: “Llave del Antemural de Tierra Firme”.

2.- Puertos menores del comercio de cabotaje, abastecedores de los tres grandes   
     colectores:

     d) Cumaná: “Portillo del Comercio y defensa contra los ingleses de Barlovento”.

     e) Isla Margarita: “Defensa natural del caño de la Ymbernada paso de los
         Galones de España a las Yndias”.

     f) La Guayana: “Veleidos promesa del Dorado y temeraria ruta de penetración
        por el rio Orinoco, hacia las regiones abiertas de Venezuela y Nueva  
        Granada”.

     g) Isla Trinidad: “Llave del Tráfico entre el Atlántico y el Caribe por el Caño”

Las fortificaciones de Venezuela abarcan casi todas las características formales y conceptuales propias de la técnica abaluarta, sin descartar, no obstante la súbita aparición de alguna solución o detalle de reminiscencia medieval. La fortificación, abaluartada, es decir, la que tiene baluarte, consta de dos grupos: Las regulares y las irregulares. Existen, además, otros tipos de fortificaciones que no tiene baluarte, como las baterías, plantas cuadras, reductos, plantas libres de adaptación a las exigencias topográficas, formas o “trazas” estelares,   entre otras.

            La variedad de fortificaciones in baluarte no indica que sean anticuadas o atrasadas en cuanto a la idea de fortificación; sencillamente son las funciones, las exigencias y las necesidades requeridas, las que determinan formas y tamaños diferentes.

                        Dentro del grupo de fortificaciones regulares, la “traza” cuadrangular fue la mas aplicada y considerada la mas efectiva; buen y conveniente, debido a las múltiples posibilidades de emplazamiento. La primera fortaleza de planta cuadrada, disposición simétrica y baluartes en los cuatro angulos fue construida por Antonio da Sangallo para el Papa Alejandro VI en Nettuno, cerca de Roma entre los años 1501 – 1503. A partir de ese prototipo y a lo largo de tres siglos, han sido centenares los fuertes que han repetido el mismo esquema tanto en Europa como en América, África y Asia.

En Venezuela, esta estructura la podemos apreciar en los siguientes ejemplos de monumentos: San Carlos Borromeo en Pampatar, San Carlos en La Guaira, San Carlos en Maracaibo, Santa María de la Cabeza en Cumaná, San Agustín de la Cumbre (con medio baluarte), en el camino de Caracas – La Guaira y sendos proyectos para Angostura, Guayana, entre otros.

            Dentro del grupo de fortificaciones irregulares, además de los varios ejemplos y proyectos de baterías, destaca el castillo de Araya como la fortificación mas importante, construido a los inicios del siglo XVII. Tiene “traza” poligonal irregular y, además, caso único en Venezuela, tiene en dos baluartes los flancos retirados con espalda, resabio de los orejones que caracterizaron los primeros baluartes renacentistas,  es la primera y por ende la mas antigua de las fortificaciones que ha llegado sus murales en ruinas hasta nuestros días. Fue construida por los Antonelli.

Real Fortaleza de Santiago de Arroyo de Araya
conocido por los lugareños como Castillo de Araya, Estado Sucre- Venezuela.
Otro ejemplo de fortificación irregular es el fuerte de San Francisco en el Orinoco; una planta libre que no respeta ninguna norma y sólo busca adaptarse lo mejor posible a la roquedal que le sirve de base.


  FUERTE SAN FRANCISCO, Angostura- Ciudad Bolivar- VenezuelaFuente: alcolonial.wordpress.com
                        
Ya para finales de la época del XVII, se incrementaron las construcciones fortificadas con el fin de contrarrestar las incursiones saqueadoras que ya habían castigado a Maracaibo, La Guaira, Cumaná, Margarita y Guayana. En el siglo XVIII desaparecen los piratas del mar Caribe y, un nuevo peligro amenaza, la incursión de Inglaterra, en el territorio  de la Capitanía General de Venezuela , obligando a los militares de la época  a la revisión y ampliación de las plazas amuralladas. Tomando en cuenta todo tipo de obras encumbradas, castillos, fuertes, fortines, hornabeques, baterías y reductos, entre las que se contaban mas de 60 fortificaciones. Hoy en día quedan, según Graziano Gasparini, reducidas entre ruinas y restauradas, a  menos de la mitad.[5]

En 1605, Felipe III tuvo que enviar la Armada Real para sacar a los holandeses, ingleses y franceses de las salinas de Araya, pero solo será con la construcción de la fortificación, en 1622, cuando se logró el propósito. Sin embargo serán los Holandeses los primeros en establecerse en Guayana en 1616, en el rio Esequibo y en 1624 en Berbice. Los ingleses fijan asiento en 1624  bajo la dirección Thomas Werner y logran la primera colonia en el Caribe, ocupando la isla de St. Christopher en 1623. A poca distancia de la ciudad de Coro, primera ciudad de la provincia de Venezuela, los holandeses se adueñaron de las islas de  Curazao, Aruba y Bonaire. La que los españoles llamaron “islas inútiles”, se tornaron utilísimas para el comercio y el contrabando  de los holandeses, quienes, con el fin de ampliar sus actividades se instalaron también en las islas de Saba, San Martin y San Eustacio.

Es necesario recordar que todas las disposiciones de la Monarquía Española, fuesen Reales Cédulas, Reales Ordenes o cualquiera otra variante, eran enviadas directamente a los gobernadores, oficiales reales, intendentes u otros funcionarios de importancia, de modo que sus contenidos, órdenes o prohibiciones debían llevarse al conocimiento general de la población. Las instrucciones y ordenanzas que mandaban dichos altos funcionarios a sus subalternos cumplían a dicho cometido[6], que encontraba en los Bandos su expresión mas acabada. Pregonados ordinariamente por esclavos o indios, que debían aprender de memoria su contenido son hoy en día una riquísima fuente para el estudio y conocimiento de muchos puntos de la vida diaria que escapan de la insensible documentación oficial.
Los Bandos se publicaban o pregonaban por órdenes precisas de España y no ya debido a iniciativas particulares, como pudo suceder con el control y uso de las armas, del transito  de mercancía o residencia de extranjeros, que podían hacerla los militares que ocupaban las casas de la Vigía de puertos, o en las Atalaya en los cerros inmediatos para que con más cuidado se celen las playas de los valles cercanos, siendo preciso abrir un camino para el tránsito de la centinela, eran los oficiales quienes ordenaban y mandaban a todos los vecinos para que concurrieran y practicaran semejante fin de informantes. Tal es el caso  que se dio a raíz de la formación de la Intendencia de Caracas, cuando el Gobernador de Cumaná, Máximo du Bouchet, informaba al Intendente que…”por cuanto S.M. ordena en la Real Instrucción de Intendencia se publiquen por bando todos los Capítulos concernientes a la extinción del comercio furtivo, y se establezca la justa contribución de todos sus derechos, sin que ninguno pueda alegar ignorancia, ni eximirse de la observancia debida a dichos capítulos (…por lo que había ordenado) que para que tenga su efecto y cumplimiento se publique a voz de caja de guerra, en los lugares públicos y acostumbrados de esa ciudad (de Cumaná)…, enviándose despacho a los tenientes de la provincia para que ejecutasen otro tanto.[7]
De esta manera quedaba establecido una compleja red de órdenes e instrucciones que saliendo de los más importantes salones de la Corte y del Consejo o “Ministerio de Indias”, llegaba a la población de los más apartados lugares de las Indias Occidentales, previniendo a los pobladores o comerciantes de dedicarse al perniciosos delito del contrabando o de entablar cualquier otra relación con extranjeros, especialmente con los peligrosos curazaleños.                El entramado jurídico se quedaba o podía quedarse en el papel, el contrabando no había de ser prohibido sino, combatirlo.
Para batallar el contrabando fueron implementados  los resguardos de mar y de tierra,  cumpliendo disposiciones de las Reales Cedulas,  para ello, los comandantes de los servicios daban ordenes a los subalternos, cuya capacidad organizativa permitía combatirlo con las armas en el caso que ello fuese necesario. Durante el siglo XVIII, el Corso seria el que cobraría mayor importancia  con la implementación de la Intendencia, al mando de Francisco de Saavedra, afianzando el resguardo de tierra. Es importante destacar que el Corso ya existía para la época de la formación de la Guipuzcoana,  en una Real Cedula de 1698 se ordenaba al gobernador de Caracas, Francisco de Berroterán, que construyese dos galeras para el trafico de la costa y que se dedicasen, parcialmente al transporte de cacao desde los puertos de la costa hasta el de La Guaira, en forma monopólica y la vigilancia de la misma a fin de entorpecer el contrabando. Cobrando por mencionada faena medio peso, destinándose lo recorrido para la manutención de las embarcaciones.
La Compañía no sólo emprendió la vigilancia marítima sino que también procedió  a fortalecer la vigilancia y el control de los puntos clave, pues ya en 1732 comenzó a construir un Fortín y un almacén en Tucacas[8], sitio que había sido centro del asentamiento comercial curazoleño u holandés en la provincia de Venezuela. Cabe mencionar el establecimiento de un resguardo de costa, en tiempos del gobernador Ladrillaba formado por guardias que vigilaban lugares y zonas especificas, como lo fueron el de la Boca de Aroa y San Felipe, en 1733, compuesta por 24 soldados y un cabo, y el de la franja oriental de costa de Coro, con 16 soldados y un cabo, en 1735, siendo ambas las dos primeras patrullas volantes aparecidas en la Provincia de Venezuela y de América Hispánica[9].

Este seria el inicio de conflictos internacionales en este periodo, como consecuencia directa de la aparición y funcionamiento de la Compañía Guipuzcoana, diagnosticado por el propio consejo de Indias, que entendía que… “sobre todo la decadencia que ha padecido el Comercio de los Holandeses en la costa de Caracas, después que se estableció la Compañía Guipuzcoana, cuando por Cien años antes le han disfrutado solos como si fuera Colonia suya (…) han puesto al Consejo en la vehemente sospecha de que esta Nación quiera tomar pretexto de las Presas que supone ilegitimas para arruinar y disipar esta Compañía y reponerse en la libertad y pleno uso del Comercio en toda aquella Costa, como estaba antes”.[10]
Sin embargo, estos años de actividad de la Guipuzcoana y de crisis del contrabando y comercio fueron seguidos de una década de signo contrario, decadencia para el primero y resurgir  para el segundo,  estrechamente vinculado con la guerra  anglo-hispana, que tuvo en el Caribe uno de sus “mares de batalla”. La medrada seguridad a que ella condujo hizo irregular el trafico de la Compañía, pero por sobre todo permitió que, por situaciones contrarias a las de la década anterior, el contrabando incrementase su volumen a expensas de la debilidad coyuntural de la Guipuzcoana, y de la colonia misma.[11]
Dentro de este periodo la Provincia de Venezuela sufrió un cambio en su estructura política, originado por la incorporación al Virreinato de Nueva Granada, dispuesto por una Real Cédula del 20 de agosto de 1739, periodo que duró dos años y medio. Pues otra, Real Cédula fechada un 12 de febrero de 1742, devolvería el poder al Capitán General de la Provincia de Venezuela, le daría autonomía al Gobernador de Caracas, en lo gubernamental y militar, dentro del ámbito americano.[12] De igual manera, se refleja en mencionado documento que …”quede al cargo de los Gobernadores de la Provincia de Venezuela (…) el celar sobre el cumplimiento de la obligación de la de Maracaibo, Cumaná, la Margarita, la Trinidad, y la Guayana en lo respectivo al ilícito comercio (…) y que nombren los tenientes, justicias mayores en las ciudades y villas y lugares en donde le tuvieren por conveniente, sin necesidad de que los nombrados saquen confirmación de mi Audiencia de Santo Domingo…[13]
Mencionada instrucción obedecía a que las autoridades españolas estaban claros de la imperiosa necesidad de resguardar  las costas y la vigilancia terrestre con el firme propósito de reprimir el contrabando de allí; el hecho mas importante en las actividades constructivas de fortificaciones durante la primera mitad del siglo XVII, lo constituye la obra del castillo de Araya, levantado entre 1622 y 1642, para acabar con la provechosa explotación de la sal que los holandeses y, en menor proporción los ingleses, tenían en aquellas salinas. Su construcción representa la obra de arquitectura militar mas sobresaliente entre cuantas alzaron los españoles en Venezuela y la única en tener el respaldo de ser diseñado por Juan Bautista Antonelli[14].

En las ultimas tres décadas  de ese mismo siglo, otras fortificaciones, de dimensiones no comparables a las de Araya, se iniciaron en Maracaibo, La Guaira, Cumaná, Margarita y Guayana.

Los holandeses habían comenzando sus actividades de contrabando y explotación de las perlas de Cubagua y de las salinas de Araya en los finales del siglo XVI, ocasionando un trafico marítimo sin precedentes entre Holanda y la famosa Salina. En 1605, Felipe III tuvo que enviar la Armada Real para sacarlos, pero solo será con la construcción del castillo, en 1622, cuando se logró el propósito pues representaba una plataforma que se rige por una estructura que sirve para la defensa del conflicto aguerrido , pues los actos que ocurrían dentro o fuera de ella se conocen como motín.

            La Guerra de Sucesión en España (1701  a 1746), es punto de referencia como la primera vez en la Historia Militar donde se emplean amplias líneas fortificadas. Sera el Conde Baden en la defensa de la frontera occidental de Alemania que construye cerca de 45 kilómetros de fortificaciones, causando la admiración de los militares de esa época. Mas tarde en ese mismo sector se localizó la famosa línea de Sigfrido.

            Durante la Guerra de los Siete años, en 1761, Federico II “el Grande”, se defendió en el campamento fortificado de Bunzelwitz en Silesia, y con cincuenta y cinco mil prusianos resistió a ciento diez mil franceses, rusos y austriacos que no lograron conquistar ese campo tan eficientemente fortificado.
           
            Toda la época correspondiente a la Edad Media hasta la guerra prineo Prusiana, se caracteriza particularmente por el poco empleo de las fortificaciones. Se diría que es la Revolución Francesa la que señala el comienzo de una nueva táctica al orientar el espíritu renovado de las masas hacia la ofensiva.

            En 1810, tenemos la defensa de Torres Vedras en Portugal, realizada por los ingleses, portugueses y españoles contra las tropas invasoras de Napoleón. El Duque de Wellington nombrado Comandante en Jefe obligó a Massena a batirse en retirada, gracias a la protección de Lisboa con una doble fila de trincheras establecidas en Torres Vedras, desarrollado este trabajo por 25.000 obreros y soldados durante un mes.
Napoleón tuvo convencimiento de la eficacia de las fortificaciones sobre el estudio de la Quinta  campaña de Julio César en las Galias, al respecto señaló:      “ Los Romanos debieron sus constantes éxitos al método adoptado de encerrarse todas las noches en un campo fortificado; de no empeñarse jamás en un combate, sin antes haber organizado primero a sus espaldas un campo atrincherado que protegerá su retirada y que contenía: almacenes, depósitos y salas para la atención de heridos”. Durante la campaña de Rusia, las fuerzas napoleónicas fracasan en su intento y emprenden la retirada. Estos restos del gran Ejército francés se concentraron detrás del rio Elba, donde buscaron el apoyo de un sistema de fortificaciones bien desarrollado hasta la llegada de los nuevos refuerzos enviados a su país.

            Al aparecer el empleo de la artillería rayada y el proyectil explosivo, en 1860 las construcciones defensivas existentes no soporta sus efectos. El constante progreso de la artillería hizo preciso el resguardarla en cúpulas metálicas, introduciéndose asi el empleo de hierro y del acero en los sistemas fortificados.

            El año 1877, durante la Guerra Ruso – Turca, el famoso General turco Osman Pascha se defendió solamente con 25 batallones en un campamento cuadrado de 9 Km.  De lado, contra 150.000 hombres y 600 piezas de artillería del Ejercito Ruso – Rumano. La  resistencia en sus excelentes fortificaciones duró seis meses y sólo el hambre pudo rendir la plaza.
En las grandes guerras del siglo XX, ha proseguido la fluctuación entre el desdén y el encomio  de la fortificación. La primera guerra mundial (1914 – 1918) significó el triunfo de la fortificación  con las trincheras de uno a otro extremo en aquellos frentes, con la sucesivas líneas de posiciones organizadas y las casi insalvables alambradas. Los principales factores que influyeron en las fortificaciones y cambian la fisonomía de la guerra fueron:
-Los vastos teatros de operaciones y las enormes masas de beligerantes;
-La gran potencia de fuego de la Artillería de grueso calibre;
-El progreso alcanzado por la Aviación en las diferentes formas de su empleo;
-El aumento y proliferación de las armas automáticas: Ametralladoras, morteros, lanzallamas, gases, y la aparición de los vehículos de combate y tanques pesados.

            Durante la guerra civil española de 1936, la fortificación, aun improvisada, demostró que podía hacer frente a fuerzas superiores en elementos, en instrucción y hasta un numero; ejemplo de ello fue la defensa de Madrid y de Alcázar de Toledo.

            La segunda guerra mundial (1939  1945) mostró evidente revés para la fortificación. La multiplicidad de frentes, los ataques por sorpresa y los poderosos elementos para rápidas penetraciones  mecanizadas depararon nuevas situaciones. Al principio de la guerra cuando las tropas inglesas ocuparon la frontera de Bélgica para su defensa, encontraron a lo largo del frente una zanja anti-ataque cada mil metros más o menos había una casamata que enfilaba la zanja con sus armas automáticas.

 Los franceses extendieron su inmensa Línea Maginot en la frontera con Alemania, mientras los alemanes construyeron la Línea Sigfrido al norte de Mosela; Mr. W. Churchill en sus Memorias expresa lo siguiente: “ a la luz de lo ocurrido ulteriormente se ha condenado la política militar fundada en la línea Maginot. Es cierto que ésta engendro una mentalidad defensiva  pero es siempre discreta precaución protege una frontera de cientos de kilómetros mediante fortificaciones.
            En esta guerra, la importancia de las fortificaciones se hizo presente la construcción de estructuras defensivas empleada en aquellas extensas líneas empezó por ser de campaña, y luego adoptó los procedimientos de permanente: casamata de hormigón, observatorios acorazados, abrigos blindados situados a grandes profundidades, entre otras construcciones robustecidas militares. Poco a poco cada sector, del frente, se fue transformando en una especie de inmensa fortaleza.

            Se podrá objetar que en el porvenir la guerra de posiciones quizás no llegue a conseguir la importancia que alcanzó en el pasado. Pero probablemente, se buscará apoyo de barreras fortificadas. En la guerra convencional estas posiciones fortificadas estarán constituidas por líneas continuas, organizadas en profundidad, apoyadas por la artillería y la aviación de combate.

            Incluyendo los conflictos de Corea a Indochina sacaremos en conclusión que las fortificaciones tienen hoy la misma importancia de siempre, y la tendrá en el futuro a pesar de las bombas nucleares que debilitan el poder protector de la tierra en cuyo si no siempre buscará el hombre amparo.

            El incierto panorama internacional, la colosal carrera armamentista y el casi inevitable conflicto nuclear, con sus cohetes de suma precisión, conducen a renovar la fortificación, mantiene esperanzas de sobrevivencia, previendo largas reclusiones defensivas, tras la certeza de haberse eliminado todo tipo de contaminación atmosférica.
            La amenaza del poderío propio se erige aún como la disuasión preventiva que en otros tiempos cumplían las erguidas murallas o las enterradas casamatas. Y por ultimo, el empleo de la mochila, la pala y pico del soldado actual constituye, para las fortificaciones, un verdadero aliento a su espíritu defensivo.

BIBLIOGRAFIA
FUENTES DOCUMENTALES
Originales:
ARCHIVO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA (Caracas)
Colección Villanueva.
ARCHIVO DEL CONCEJO MUNICIPAL DE CARACAS (Caracas)
Sección: Actas del Cabildo de Caracas (Copias) años 1729 – 1734.
Sección: Reales Cedulas (Copiador del Cabildo) años 1700 – 1756.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (Caracas)
Sección La Colonia:
            Compañía Guipuzcoana: Volúmenes I-V, VII – XV, XXII, XXIX-XXXI.
            Gobernación y Capitanía General: Volúmenes  I – XXIV.
            Reales Cedulas: Volúmenes 1era. I – III, 2DA. I – XII.

Impresas:
ALTOLAGUIRRE, Ángel. RELACIONES GEOGRAFICAS DE LA GOBERNACION DE VENEZUELA, 1767 – 1768; Caracas, EPRV, 1954, XLI + 332P.

CASTRO, Nicolás. Fortificaciones Regulares. Libro de texto en la Academia Militar Venezolana en el año de 1762. Imprenta Nacional. Caracas, 1950.

Compilación Léxico – Técnica Militar. Mercurio 2.000 c.a. Caracas, 1980.
Enciclopedia Militar. Bibliografía Omeba. Argentina. 1962.

Suarez, S. Fortificación y Defensa. Biblioteca Academia Nacional de la Historia.  Caracas, 1978.

CNEL. Almirante, José. Diccionario  Militar. Madrid, 1867.





[1] Torre grande para defensa de una plaza o castillo.

[2] Camino en la parte superior de la muralla.
[3] Ingeniero Militar francés (1633 – 1707 ) que renovó el arte de la fortificación.

[4] J.M. Zapatero, op.cit.p82
[5] Graziano Gasparini, Las Fortificación del Periodo Hispánico en Venezuela, p47.
[6] Boletín del Archivo General de la Nación, XVI/165, pp.413-421, del gobernador Lardizábal para 1737.
[7] En A.G.N., Intendencia del Ejercito y Real Hacienda, IV, pp. 134-140, del gobernador de Cumaná a Abalos, Cumaná, 15 i 1778 (139).
[8] En Marco Dorta, Materiales…, p. 147 que remite al A.G.I.Caracas, 69, expediente que recoge los testimonios de mencionada construcción en abril de 1732.
[9] El primero de dichos resguardo, formado para vigilar la región de los ríos San Felipe y Aroa, se mantenían por medio del pago de derechos cobrados a cada carga que circulase por el rio Aroa, o por tierra firme a Puerto Cabello, a razón de un peso por carga. A.G.N., Diversos, XXV, fols 309-323. Celestino A. Arauz M.
[10] En A.G.I., Indiferente General, 1596, del Consejo de Indias, 12 XII de 1737.
[11] El trafico global curazoleño creció notablemente durante el periodo de guerra; sobre el lamentable estado en que quedó el comercio.
[12] En Títulos de Venezuela en sus limites  con Colombia, T. II, pp. 1-4. La Real Cedula de 12 II 1742 hace referencia a la de 20 VIII de 1739, a la que corrige.
[13] Ibidem, pp. 3-4.
[14] xxxxxxxxxx